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La formacion psicologica

22/01/2012 - Gérard Le Roy

Es a la vez el tema más desconocido y más urgente de explorar. Las pocas cosas que sabemos hoy en día no nos permiten resolver los problemas con los que nos encontramos. En los últimos veinte años, los entrenadores europeos se han ayudado mutuamente para alcanzar un grado de conocimiento suficiente para resolver casi todos los problemas de la progresión de los jugadores. En pocos años, países de un nivel modesto hasta entonces, han entrado en competencia con los mejores. Europa se ha colocado en igualdad de condiciones con los países asiáticos (no aún en el nivel femenino), pero cuando los entrenadores hablan de psicología, en vez de hablar de métodos, de soluciones, de opiniones sobre un tema, intercambian descripciones de síntomas. No hace mucho, se habló de empezar la detección de talentos a partir de las cualidades psicológicas (observadas en competición, no estudiadas ni medidas), considerando que son elementos en los cuales no se puede cambiar nada. Y de hecho, actualmente, es verdad.

Veamos aquí las pocas cosas que sabemos y las pocas ideas que tenemos para una perspectiva futura: el estrés, la concentración y la motivación.

El estrés

Constatamos que algunos jugadores (a veces los mejores a nivel técnico) hacen cosas maravillosas en el entrenamiento o en competición amistosa. En cambio, en partidos oficiales, nada, parecen otras personas. De momento tenemos dos ideas: la imagen de sí mismo y la preparación de la competición.

Constatamos en los jugadores frágiles a nivel psicológico una diferencia enorme entre el jugador (tal como es a nivel técnico) y la imagen que quiere dar a los demás. Un día me quedé sorprendido viendo un partido de "X" contra un jugador modesto que jugaba seriamente, pero al que "X" podía ganar si no tiraba puntos. "X" adoptó una actitud de campeón que tenía un mal día, intentó hacer cosas que no sabía hacer, entró pelotas que no osaría entrar ni una figura internacional, fallando evidentemente, y se enfadó a lo largo del partido. Perdió y acabó enfadadísimo. Yo no habría hecho ni caso, si este jugador no hubiera sido la esperanza número 1 y la figura de su club. Hablando con él y con su entrenador, no hubo manera de hacerle admitir su nivel real. "X" estaba convencido de que podía y debía de jugar como había jugado; que había perdido por mala suerte y a causa también de unas cuantas molestias que le producía la sala (luz, suelo, puerta, publico,...). Los intentos para hacerle aceptar el que creo que era su nivel momentáneo le hicieron enfadar, y también a su padre, que opinó que más valía animar al jugador que no desanimarlo... Esta anécdota demuestra que hemos de evitar que el jugador crea (a menudo con toda la buena fe) que tiene un nivel que o es el suyo. Hay unos cuantos síntomas que nos avisarán:

Sepamos reconocer si un jugador se enfada porque ha perdido un punto que en realidad debía de ganar, o si se lo ha jugado a cara o cruz.

Sepamos ver si un jugador tiene un comportamiento que es el suyo, o si viene copiado de una figura que le ha impresionado.

Es tan importante la imagen que el jugador quiere dar de sí mismo, que casi representa el 90% de la motivación. El jugador no aceptará nunca que se desprestigie su imagen. Para él, que haya una relación real entre su nivel verdadero y su imagen será muy poco importante. El envoltorio garantiza el contenido.

Hemos de vigilar a la vez la evolución del nivel y de la imagen. También se ha de tener cuidad en como se organiza la jerarquía a nivel de juego en un club: una vez obtenido un privilegio, el jugador no aceptará nunca volver atrás (¡como todo el mundo!). Una cosa que también sabemos es que muchos entrenadores son los responsables de la falsa imagen que se hacen de sí mismos los jugadores: es cómodo ilusionar a un jugador con un menosprecio del adversario: "Con este tío no has de perder, es malo". A menudo los adultos que rodean a los jugadores jóvenes no se dan cuenta del daño que les hacen tratándolos como si fueran campeones para darles seguridad a sí mismos. No, la confianza en sí mismos ha de venir de que los jugadores se sientan capaces de hacer cosas, no de la opinión del entorno.

En la preparación de la competición el estrés es una cosa normal, imprescindible. Permite progresar: delante de una situación nueva, el estrés permite que el organismo se ponga en condiciones de adaptarse. El organismo se adapta como a una carga de entrenamiento y progresa. Para que se pueda adaptar, es necesario que supere la situación, o el organismo sufrirá. Es esto lo que les pasa a nuestros jugadores: se encuentran ante situaciones que no saben superar. Henri LABORIT describe este fenómeno en "la inhibición de la acción". ¿Y por qué no las saben superar? Porque no están preparados para ello. Dicho en otras palabras, los jugadores no saben actuar en competición porque no tienen claros los esquemas de los puntos que utilizarán, los esquemas que utilizará el contrario, ni lo que se ha de hacer cuando el adversario hace esto, o aquello. Los jugadores van a la competición como si fueran a comprar un billete de lotería. ¿Cómo saldrá? Sí, saldrá bien porque la otra vez le gané. ¿Cómo le ganaste? ¿Qué hiciste? ¿Qué hizo él? ¿Qué intentó? ¿Qué le salió bien? ¿Qué no le salió bien?... ¡¡¡No lo sé!!! Después de la competición, el jugador no puede explicar cómo ha jugado, qué ha intentado, ni las cosas que el adversario quería hacer para impedirlo.

Ya es hora de dejar de pelotear para empezar a construir puntos. Ha de entender que el oponente también quiere construir puntos, y que se ha de tener la lucidez suficiente para darse cuenta de ello. Y que si al adversario le sale bien un punto, ¡bien jugado! ¡Pero ahora te lo pondré difícil para que no consigas repetirlo! Ya es hora de dejar de considerar la sesión de entrenamiento como un acontecimiento en sí mismo, se ha de considerar como el lugar y el momento en el cual se prepara la competición siguiente.

La concentración

Concentrarse no quiere decir nada. La gente se concentra en una cosa en concreto por exclusión de las otras. Se ha de enseñar sobre qué elementos los jugadores han de concentrar su atención. ¿Qué elementos se han de observar? ¿En qué orden? No se trata a la hora del perfeccionamiento, de hacer un entrenamiento de la concentración, sino de preparar poco a poco al jugador para el entrenamiento mental: visualizar el juego, esperar las señales pertinentes, memorizar la jugada precedente, etc... En una palabra, construir piedra a piedra la lucidez.

La motivación

Se puede medir la motivación para una cosa según el precio que alguien está dispuesto a pagar para conseguirla. Todos tienen tendencia a creer que un jugador joven de tenis de mesa sabe cual es su motivación. A veces pensamos que si están en un centro de tecnificación, tienen ganas de llegar al alto nivel. Una encuesta bien hecha demuestra que lo que les interesa a la mayoría de los jugadores jóvenes de menos de 15 años es pasárselo bien. Entre las razones por las cuales vienen a la sala, encontramos después: los compañeros, el ambiente, el juego. La competición está bien cuando ganamos, porque les hace gracia a ellos, y también a los padres, a los directivos, al entrenador, a los cuales no quieren defraudar. De cómo se hace la progresión, de cuánto tiempo se necesita para pasar de un nivel determinado a otro, del tipo y de la cantidad de trabajo que se ha de realizar, no saben nada. Les interesa bien poco. El interés para aprender más cosas respecto al tema es débil. Intelectualmente, se hacen muy pocas preguntas sobre lo que se hace o se podría hacer. La encuesta demuestra que su preocupación antes de llegar a la sala es saber con quién jugarán. Si no hay programa para la sesión, no importa. Evidentemente, hay excepciones.

¿Es extraño que los jugadores encuentren excusas para no hacer la preparación física? ¿Cómo se puede explicar que algunos ejercicios se hagan mirando el reloj? ¿Es extraño que el calentamiento se haga pensando en otras cosas o hablando a escondidas? ¿Es extraño que antes de las competiciones se pasen más tiempo para vestirse que para calentar? ¿Y que después de un partido, alguno vaya rápidamente a las gradas a hablar con los compañeros? ¿A hablar de qué? ¿Del partido? ¡En absoluto! ¿Has ganado? Sí (o no). Punto.

¿Dónde está el error? Conocemos directivos, padres, que se levantan temprano, hacen kilómetros con el coche particular para llevar a un grupo de chavales a hacer competiciones (entendemos: pasárselo bien con los compañeros) y al cabo de dos o tres años, "aquel ya no juega, practica otro deporte", o "no sé, conoció a un chico, hace tiempo que no le veo".

La motivación es una dato que los entrenadores han de tener en cuenta, y que han de medir. Es un parámetro que evoluciona, y podemos medir su evolución, pero debemos de tener la misma lucidez respecto al tema que queremos que los jugadores tengan respecto de su propio nivel de juego.

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