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Gustavo, un campeón medio loco y soñador

30/10/2011 - Moni Munilla (Diario El Litoral)

Cuando Gustavo Roque Chamorro tenía ocho años, la tarde tomaba color de sol en el Parque Cambá Cuá, paseo al que el chico llegaba vestido con pantalones cortos, remera y zapatillas, listo para esperar ser incluido en el equipo de fútbol que armaban los muchachos del barrio.

'Nunca me elegían, de qué les podía servir un rengo como yo, pero así y todo, me iba al parque y no me daba por vencido. Hasta que un día se me dio, faltaban jugadores y fui directo al arco. Recuerdo que pensé, hoy es el primer día del resto de mi vida, acá tengo que entregarme por entero y eso hice. Defendí el puesto con mi cuerpo, la pelota me pegó en la cabeza, me tiré palomita, a tal punto que de ahí en más, seleccionaban a los otros, pero el arco ya me pertenecía'.

Gustavo tiene 48 años, es odontólogo y comisario de la Policía de Corrientes, está casado con Sandra Aráoz y es papá de cuatro niñas, Juliana, Delfina, Emilia y Leo-nor.

A los seis meses de nacido y alarmada por los continuos dolores, llantos y fiebre del niño, su madre lo llevó al Hospital Británico de Rosario donde le diagnosticaron poliomielitis en la pierna izquierda. En siete años tuvo siete operaciones. 'Nunca pregunté por qué de las tres dosis de la vacuna me dieron sólo dos. Mi discapacidad y yo crecimos juntos, esta pierna izquierda no fue impedimento para nada, la pierna derecha tomó fuerza de bas-tón y caminé sin dar ni sentir lástima. Mi objetivo era superarme en aquellos deportes en los que pudiera mostrar mi destreza física. A una cuadra de casa quedaba el Club Sportivo, al básquet no podía jugar porque necesitaba correr, entonces me dediqué a encestar. Pasaba de 2 de la tarde hasta las 9 de la noche tirando al aro, los jugadores se iban y venían los ensayos de la comparsa Copacabana justo con mi padre, al mismo tiempo, solo que los comparseros tenían un portaestandarte y papá un cinto que sacaba en medio de la gente para hacerme regresar a casa', cuenta riendo a carcajadas.

De esas largas sesiones deportivas, Gustavo venía remendado, dolorido, pero jamás rechazó un partido. Estudió a la par, con la misma responsabilidad y se recibió de odontólogo. 'En el año 2000, luego de una operación de meniscos, no pude hacer más fútbol ni básquet, me agarró pánico de perder mi habilidad para el juego. Descubrí una publicidad sobre un campeonato de tenis de mesa para discapacitados que se haría en Buenos Aires y centré mi atención en ese deporte. Fui en colectivo a San Nicolás, al Club Adyr para probarme como jugador y el presidente Vicky Mignoles me derivó al Cedima, un club en San Justo (La Matanza), con más infraestructura. Para ellos jugué desde el 2004, las competencias se realizan en el Cenard con los clubes de todo el país y la denominación es tenis de mesa adaptado. En el 2006 me llaman para integrar la selección argentina y jugar la copa Tango Internacional (es medalla de plata); el otro circuito, el de convencionales se llama circuito TMT, te-nis de mesa para todos, se juega en Capital Federal y en Buenos Aires y me tiene con un ochenta por ciento de efectividad', relata con orgullo.

En 1995, Gustavo ingresó a la Escuela de Policía para atender en el consultorio odontológico a los cadetes. Lo hizo con el grado de oficial principal y luego de dos ascensos, es comisario. 'El Circulo de Oficiales de Policía no tenía representantes en tenis de mesa, competí por Corrientes y de entrada gané el tercer puesto. Aunque no lo creas, es más fácil ganar torneos convencionales que adaptados, ellos son invencibles', dice sacando pecho. 'La organización que hay en la Argentina es muy poderosa, con jueces internacionales se determina en qué categoría vas a competir, el tratamiento es muy riguroso y disciplinado'.

'El deporte me dio muchas buenas en la vida, sobre todo la integración. Hago una rutina de locos, atiendo el consultorio hasta el viernes a la tarde que tomo el colectivo a Buenos Aires, me entreno en el Cenard, compito y el lunes ya estoy de vuelta en el trabajo. Allá está todo el apoyo que a nosotros nos falta, hay voluntad y ganas', se queja. A partir de sus buenos resultados, el Gobierno de Corrientes apoya sus presentaciones.

Gustavo ganó algunos torneos y perdió muchos más. Conoció el país compitiendo en Mendoza, San Juan, Santiago del Estero, acaba de ganar el Torneo Nacional en La Rioja y muestra el trofeo que trajo para 'su' Policía, institución en la que recibe muchos halagos.

'Comencé a pelarme las rodillas sin derramar ni una lágrima, era chico y me aguanté los retos por saltar del primer piso de mi casa, buscando la calle camino al parque para que los muchachos del barrio reconozcan mis virtudes en el juego. Tengo callos en los codos de tanto caer y levantarme con la plasticidad de un gato. Los dolores del cuerpo los padecí en soledad y las grandes alegrías la compartí con mi familia y mis amigos. Me gusta que me señalen como un triunfador, porque eso es lo que soy ¿no?

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